Springsteen y Barcelona: 40 años de amor a primera vista

Bruce Springsteen el 21 de abril de 1981 en el Palacio de los Deportes de Barcelona. Foto: Ferran Sendra

Ayer, 21 de abril de 2021, se cumplieron 40 años del primer concierto de Bruce Springsteen en Barcelona. Para cuando el de Nueva Jersey aterrizó en nuestro país ya era una estrella absolutamente consagrada. The River, lanzado el 17 de octubre de 1980, lo colocó en lo más alto de las listas estadounidenses por primera vez en su trayectoria. Las 20 canciones que conformaban el álbum aseguraron a Springsteen un indiscutible lugar en el olimpo del rock. Probablemente sea la obra que mejor resume las virtudes de Springsteen gracias a su variedad tanto estilística como temática. Baladas candentes, llenas de corazón, sentimiento y alma, convergen con temas donde sale a relucir la vena más divertida y despreocupada de un autor que, por aquel entonces, se encontraba en estado de gracia, en su plenitud artística.

Con motivo de la presentación de The River Bruce aterrizó en la Ciudad Condal, concretamente en el Palacio de los Deportes de Barcelona, para dar el pistoletazo de salida a una relación que, 40 años después, se mantiene viva e intensa. No es difícil averiguar el motivo: aquella noche, en un concierto que comenzó a las 21:30, los afortunados que presenciaron la magia de ese torbellino escénico quedaron prendados, boquiabiertos, seguros de que acababan de asistir al mejor espectáculo de rock posible. La consideración épica de los directos de Springsteen no arrancó en aquella gira, sino desde que su carrera comenzó a despegar. Sus arrebatadoras demostraciones sobre las tablas jugaron un papel crucial en la irrupción mediática de su figura, y el ‘boss’ era consciente de ello. No es casualidad que uno de los propósitos de The River fuese representar en el estudio el arrollador sonido que la E Street Band desplegaba en directo.

Es innegable que lo consiguió, aunque, pese a la viva producción del álbum, el presente latido del grupo, la evidente sensación de comunión y pasión que transmite, no hay nada comparable a disfrutar de esta brutal máquina del rock and roll a tan solo unos metros de distancia, siendo partícipe de la desbordante energía, infinito fervor y suave melancolía que Springsteen y sus colegas son capaces de transmitir. Lo que realmente sucedió en Barcelona aquella noche solo lo sabrán los allí presentes, pero lo cierto es que no fue una noche cualquiera, un concierto más de la gira, sino un momento que marca una trayectoria, que define para siempre la unión entre un artista y su público.

Foto: Emilio Cabida.

El recital comenzó con la calma previa a la tempestad. Sonó ‘Factory’ para ir calentando motores y poner al público a punto. Después, otro corte de Darkness On The Edge Of Town, ‘Prove It All Night’, primera oportunidad para rugir, para sentir una indescifrable descarga de adrenalina. Como es lógico, los pasajes de The River poblaron gran parte del repertorio. En vivo, territorio natural de la E Street Band, las canciones adquirían otra dimensión, incluso superior a la capturada en el trabajo en estudio.

‘Out In The Street’ y ‘The Ties That Bind’ aumentaron la dosis de entusiasmo de una audiencia absolutamente entregada desde el primer minuto, más aún si, entretanto, Bruce se marca una memorable interpretación de ‘Darkness On the Edge Of Town’. ‘Independence Day’ y ‘Who’ll Stop the Rain’, de Creedence Clearwater Revival, añadieron pausa y magnetismo, mientras las apoteósicas ‘Two Hearts’ y ‘The Promised Land’ volvieron a ponerlo todo patas arriba.

‘This Land Is Your Land’, composición de Woodie Guthrie, desencadenó en uno de los platos fuertes de la noche, ‘The River’, para hechizar definitivamente a los fans. Aunque, claro, lo que pasa con Bruce, más todavía en esa época gloriosa, es que los platos fuertes eran sucedidos por otros clásicos imprescindibles como ‘Badlands y ‘Thunder Road’, indiscutiblemente dos de las mayores joyas de su repertorio y que, en aquella embrujada velada, lucieron monumentales. Llegó entonces el descanso. Bruce ya se había metido al público completamente en el bolsillo. Solamente quedaba rematar la jugada para que el enamoramiento fuese permanente.

‘Cadillac Ranch’ y ‘Sherry Darling’ evitaron que el parón menguara los ánimos, y dieron paso a ‘Hungry Heart’ y ‘Because The Night’, donde las enfervorecidas gargantas del Palacio de los Deportes ejercieron de inmejorable coro. Sin duda, aquí llegamos al punto álgido del concierto. Tan emocionante, que hasta el propio Springsteen parecía poseer fuerzas extra impulsadas por la abrumadora acogida que estaba sintiendo. Tras ‘You Can Look’, era hora de la traca final: ‘Point Blank’, ‘Racing in the Street’, ‘Backstreets’, ‘Ramrod’, ‘Rosalita’ y ‘Born to Run’. Piel de gallina solamente al escribir sus títulos. Puro Bruce Springsteen, pura pasión. Absolutamente sublime. ‘Detroit Medley’ y ‘Rockin’ All Over the World’ cerraron la noche.

Una noche marcada a fuego en la memoria de todas las personas que la vivieron, y trasladada a las que, como yo, ni siquiera habíamos nacido. Un ejemplo perfecto de que la música traspasa fronteras y generaciones. Aquel 21 de abril de 1981 Springsteen y Barcelona sintieron lo que se denomina amor a primera vista. En su última visita, en 2016, las llamas ardían como en el primer encuentro. Indudablemente, cuando la maldita pandemia lo permita, y la E Street Band regrese a la carretera, Barcelona le esperará con los brazos abiertos en lo que será un reencuentro, nuevamente, inolvidable.

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