El nacimiento del rey

Antes de la aparición de Elvis Presley a mediados de los años cincuenta, el mercado de la música popular de Estados Unidos estaba fraccionado en tres géneros principales: el pop comercial, mayoritariamente dirigido al público blanco de clase media; el country, destinado a las comunidades rurales blancas, y el rhythm and blues (R&B), cuyo consumidor predominante era la franja urbana afroamericana. El pop comercial era, sin lugar a dudas, el que poseía un segmento del mercado más amplio, gracias a auténticas estrellas como Frank Sinatra, el artista más importante del país tras la Segunda Guerra Mundial.

Las listas de éxitos también estaban divididas. Cada uno de los tres estilos disponía de su propia lista, y hasta la segunda mitad de la década de los cincuenta era muy poco frecuente que canciones o discos de country y R&B se introdujesen en la lista de pop comercial, ya que estos géneros no eran consumidos de forma masiva. Esta situación comienza a cambiar alrededor de 1955, momento en el que algunos artistas de R&B experimentan el denominado “crossover”, es decir, cuando los discos de las listas menores consiguen entrar en la del pop comercial, adquiriendo una popularidad a nivel nacional. Cantantes como Chuck Berry o Little Richard marcaron el camino a seguir mediante su tremendo carisma, obteniendo éxitos en la lista principal y construyendo los inicios del rock and roll.

Evidentemente, si queremos referirnos a los comienzos de este género, no se puede pasar por alto la figura de Elvis Presley, la más influyente y destacada en los primeros pasos del rock. Además de por sus innegables contribuciones musicales, marcó tendencia debido a su arrolladora presencia escénica y su inconfundible estilo interpretativo. Como la mayoría de los artistas de la época, Elvis no era compositor, de hecho, nunca escribió una canción, pues había profesionales que se dedicaban exclusivamente a esa faceta. Su rol era el de intérprete, y, probablemente, nunca haya existido uno con tantos registros y tan magnético como él.

Su primer éxito fue ‘That’s All Right Mama’, canción grabada en los estudios de Sun Records en 1954. El tema tuvo un impacto tremendo entre la juventud estadounidense, cimentando la trayectoria posterior de Elvis. Su repercusión fue tan asombrosa que su primera discográfica, el sello independiente Sun Records, se vio obligada a vender su contrato a RCA, una de las principales disqueras del país, por una cantidad desorbitada nunca vista hasta la fecha: 35.000 dólares. Este hecho supuso un punto de inflexión al ser la primera ocasión en la que un cantante de rock and roll firmaba por un sello mayor, un paso clave en el establecimiento de este género como fenómeno de masas y para que otras grandes compañías lo tuvieran en total consideración. Elvis también fue pionero en situar sus canciones en las tres listas de éxitos al mismo tiempo, algo que años atrás parecía imposible.

El de Tupelo, Mississippi, fue el rey no únicamente por ser el primero en poner al rock and roll en el centro de todas las miradas, sino porque, seguramente, fue el mejor. Ayudado por su irresistible personalidad y fulgurante talento, conectó a la perfección con los anhelos y el sentimiento de su generación, sabiendo extraer todo su potencial artístico para dejar como legado canciones inmensas, de las que dejan una huella eterna. Mezcló los ingredientes del pop comercial, el country y el R&B, pero desde una perspectiva absolutamente singular que lo hacía diferente a todo lo escuchado con anterioridad. Y sobre todo, eliminó muchas de las barreras raciales y estilísticas de aquella época, convirtiendo a la música en lo que realmente es: un regalo universal.

“Hago música para reparar mi alma y, con suerte, ayudaré a reparar las de los demás “ - Bruce Springsteen

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