El camino hacia la oscuridad de Bruce Springsteen

Reconozco que Nebraska (1982) es un disco en el que me costó entrar. No es un trabajo de fácil escucha, pues demanda al oyente una atención al detalle que no es necesaria en muchos otros álbumes de Bruce Springsteen. Tras los primeros momentos de obras como Born To Run (1975) o The River (1980) es imposible no sentirse sumergido en una poderosa emoción que te atrapa y te golpea intensamente, manteniéndote alerta, pendiente de lo que queda por venir hasta el ultimo acorde. En Nebraska eres tú el que debes introducirte en las canciones, descubrirlas poco a poco hasta que, inevitablemente, te acaban conquistando.

Así pues, no fue amor a primera vista lo que sentí con esta obra. De hecho, en ocasiones llegué a comenzar a escucharla sin tener la paciencia suficiente para llegar hasta el final. Craso error, porque una vez te dejas seducir por su oscuridad, por su inquietante simpleza, sus directos estribillos, y la perturbadora sensación de soledad que inunda el álbum, cuando le das una verdadera oportunidad, y llega el momento justo en el lugar idóneo para disfrutarlo como se merece, no puedes escapar. Acabarás hechizado, como me pasó a mí. Ocurrió en la pasada nochebuena, cuando, al fin, decidido a escucharlo de forma activa, entendí el motivo por el cual Nebraska posee un aura mítica.

La pureza del disco reside en que es un fiel reflejo de las emociones por las que su autor estaba atravesando en esos momentos. Bruce estaba desolado, deprimido, incapaz de hacer frente a sus fantasmas del pasado. En su autobiografía relata que, tras su publicación, comenzó a visitar un psicólogo semanalmente, algo que ha continuado haciendo hasta la actualidad debido a sus constantes tendencias depresivas. En Nebraska se siente esa tristeza, ese aislamiento tan terroríficamente dañino. Pero, lo curioso del asunto es que el disco no estaba destinado a ser lanzado en su formato acústico final. Los temas que completarían Nebraska fueron grabados por el propio Springsteen en una cinta de muy baja calidad, mientras los interpretaba en su dormitorio. Las canciones se registraron en una sola noche y Bruce se guardó la cinta en el bolsillo para posteriormente ensayarlas con la E Street Band.

Cuando llegaron al estudio se dieron cuenta de que algo iba mal. Los temas habían perdido fuelle, ya no eran lo mismo. Había desaparecido la asombrosa intimidad capturada en la grabación acústica, lo que llevó al ‘boss’ a tomar una decisión tan valiente como acertada: publicar las maquetas tal y como habían sido desarrolladas en su dormitorio de Nueva Jersey, sin ningún tipo de añadido. Esa cinta se convertiría en su sexto disco, indudablemente, el más arriesgado a nivel comercial. Fue una iniciativa inspirada únicamente por su vena artística, sin tener en cuenta factores externos. El resultado: diez canciones que ejemplifican la mejor versión de un artista que en aquellos momentos ya estaba consagrado, pero que aún no había conseguido el despegue mundial definitivo que llegaría con su siguiente álbum, Born In The U.S.A (1984). ‘Nebraska’, ‘Atlantic City’, ‘Mansion On The Hill’, ‘Johnny 99’, ‘Highway Petrolman’, todas situadas entre las mejores composiciones del catálogo de su autor.

Historias sombrías, personajes al filo del abismo, un futuro negro, o la más absoluta desesperación son algunos de los principales pasajes de Nebraska. Una travesía de cruda realidad en la que, una vez te sumerges, no hay vuelta atrás. Aun así, paradójicamente, su escucha me produce una sensación reconfortante, aunque sea para saber que, por muy mal que estés, siempre hay alguien que está peor que tú. Ayer lo volví a escuchar y, tras un día algo complicado, de repente, cuando terminé el disco, nada me parecía tan oscuro.

“Hago música para reparar mi alma y, con suerte, ayudaré a reparar las de los demás “ - Bruce Springsteen

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