Cuando Bob Dylan se convirtió en leyenda

Cuando los Beatles conquistaron América en 1964, fueron recibidos como una auténtica revolución. Hasta ese momento, los artistas británicos alcanzaban el éxito en las listas estadounidenses a cuenta gotas. De hecho, la música predominante en el Reino Unido también era americana. Por supuesto, los ‘fab four’ cambiaron este panorama de forma drástica, abriendo oportunidades a numerosos compatriotas que llegaron tras ellos, como los Rolling Stones, Los Who o los Kinks. A esta oleada de bandas británicas que experimentaron una enorme popularidad se le denomina la invasión británica. Con este acontecimiento liderado por los cuatro de Liverpool, el centro neurálgico de la música popular había cambiado de manos y traspasado fronteras.

Los artistas estadounidenses habían sido alejados del trono, y necesitaban ofrecer una respuesta. Es aquí cuando surge la figura de Bob Dylan como el paradigma del compositor virtuoso que cambió el lenguaje del rock. A pesar de la inmensa repercusión que adquirió a mediados de los 60, cabe destacar que sus primeros discos no supusieron éxitos para él. En sus comienzos, Dylan cimentaba sus composiciones a través de la música folk, género tradicional norteamericano basado en el mensaje de las letras, muchas veces con tintes sociales o políticos, con el único acompañamiento de la guitarra acústica y, en ocasiones, la armónica. Los cuatro álbumes con los que arrancó su trayectoria, Bob Dylan (1962), The Freewheelin (1963), The Times They Are A Changing (1964)’ y Another Side of Bob Dylan (1964) pasaron desapercibidos entre la audiencia masiva, a pesar de que su segunda obra contiene temas que actualmente se consideran clásicos imprescindibles, por ejemplo, ‘Blowin’ in the Wind’ o ‘A Hard Rain is Gonna Fall’.

Fue en 1965 cuando pasó a ser una estrella por derecho propio. Para ello, tomó una decisión que resultó ser realmente controvertida: electrificó su sonido. Lo que en la actualidad puede parecer un hecho intrascendente, en aquel momento no lo fue, ya que los entusiastas del folk se sintieron profundamente traicionados por el de Minnesota, creyendo que les había abandonado por fines exclusivamente comerciales. La situación llegó a tal extremo que en el Festival Folk de Newport, uno de los más prestigiosos en lo que respecta a este género musical, Dylan fue abucheado cuando comenzó a interpretar sus temas con la guitarra eléctrica. Este episodio fue el detonante para que el cantautor, profundamente decepcionado, rompiera por completo sus relaciones con la comunidad folk, como se evidencia en la canción ‘Positively Fourth Street’, en la que, con frases como ésta, muestra su malestar: “Decías que eras mi amigo, pero simplemente me utilizaste”.

En el verano de 1965 Bob ya competía en la misma liga que los Beatles, erigiéndose la figura central de la respuesta americana a la invasión británica. Comenzó a ser enormemente valorado, no solo como compositor, que era la faceta por la que más se le conocía en sus inicios, sino también como intérprete. Su manera de escribir y de cantar dejaron huella, dando paso a decenas de imitadores que se inspiraban en él. Además, en un periodo de año y medio lanzó tres de los mejores álbumes de toda la historia del rock: Bringing it All Back Home (1965), Highway 61 Revisited (1965) y Blonde on Blonde (1966), disco doble con el que cerraba una etapa de genialidad creativa inigualable, ejemplificada por composiciones icónicas como ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Like a Rolling Stone’ o ‘Sad Eyed Lady of the Lowlands’.

En 1966 sufrió un accidente de motocicleta que le apartó de la escena musical mientras se recuperaba de las graves lesiones con las que tuvo que lidiar. Ese tiempo alejado de los focos, hasta 1968, también le sirvió para digerir el impresionante éxito cosechado. La leyenda de Dylan no había hecho más que comenzar, algo lógico considerando que, gracias a su figura, el rock se transformó para siempre.

“Hago música para reparar mi alma y, con suerte, ayudaré a reparar las de los demás “ - Bruce Springsteen

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