Bruce Springsteen y su pasaporte a la eternidad

Si tuviese que elegir un disco para llevarme a una isla desierta, un álbum con el que descubrí un insuperable amor por la música, que cada vez que lo disfruto me suscita pura emoción, la magia más desatada, y que jamás me cansaré de escuchar, tendría clara mi elección: Born to Run (1975). La obra gracias a la cual Bruce Springsteen se convirtió en el el jefe del rock y, no lo olvidemos, que evitó que su trayectoria se diluyera.

Sus dos primeros trabajos, Greetings from Abury Park, N.J. y The Wild, The Innocent and The E Street Shufle, aunque fantásticos, fueron sendos fracasos comerciales. Su tercer álbum debía otorgarle el tan ansiado éxito, triunfar era necesario para que su discográfica, Columbia, siguiese creyendo en él. Bruce se lo tomó en serio. Disponía de una única carta, de una oportunidad que podía dividir el logro del fracaso, un tiro a vida o muerte. El resultado: catorce meses de arduo trabajo en los que el de Nueva Jersey buscaba reflejar en el estudio los sonidos, las letras y las canciones que brotaban en su interior y rondaban por su cabeza. Solamente con el tema que titula el álbum, ‘Born to Run’, Springsteen y la E Street Band necesitaron seis meses de pruebas hasta conseguir la versión definitiva.

Bruce, más que la adoración del público, la fama o el dinero, muy por encima de todo eso, buscaba ser grande, un artista consagrado, con una voz propia que transmitiese a la perfección toda la creatividad y la inquietud que llevaba dentro. Quería entrar en la historia, en el olimpo de los intocables del rock. Born to Run iba a ser su pasaporte para entrar en él y, definitivamente, lo hizo. Lo colocó en el mapa, situándolo como una de las estrellas más fulgurantes y atractivas del momento. Las famosas palabras de Jon Landau, crítico musical y posterior mánager de Springsteen, dejaron de ser una utopía para convertirse en realidad: “He visto el futuro del rock y su nombre es Bruce Springsteen”, afirmó después de ver un concierto del ‘jefe’ junto a su banda. Con este disco, el futuro se transformó en presente.

Poco se puede decir de los temas que componen Born to Run que no haya sido mencionado con anterioridad. Ocho canciones que encarnan maravillosamente la esencia del rock y sus anhelos: la búsqueda de una vida mejor, la lucha por los sueños, la necesidad de escapar hacia un futuro más prometedor y el romanticismo juvenil. Desde la inauguración de la obra con la inolvidable, eterna, ´Thunder Road’, la enérgica ‘Tenth Venue Freeze Out’, pasando por la épicas ‘Born to Run’ y ‘Backsteets’, hasta la culminación inmejorable de ‘Jungleland’, donde el saxofonista de la E Street Band, Clarence Clemons, regala uno de sus momentos más memorables. Es un disco soberbio, redondo, una obra inagotable e inmortal.

Un álbum mayúsculo, que se queda grabado en tu memoria eternamente y te acompaña para aportarte un subidón de adrenalina cuando lo necesitas. Que sirve para acordarte de porqué una vez te enamoraste de un tipo llamado Bruce Springsteen, que, cuando tenías trece años, acudió a ti para cogerte y no soltarte, para recorrer un camino juntos y abrirte los ojos, aportando esperanza y ayudando a encarar los entresijos de la vida. Bruce siempre ha dicho que su profesión es la de reparador de almas. Menciona que, con sus canciones, busca arreglar su corazón y, con suerte, ayudará a que sus seguidores hagan lo propio con los suyos. Vaya que si lo ha conseguido. La fuerza y la energía de Born to Run siempre latirán con pasión en el mío.

“Hago música para reparar mi alma y, con suerte, ayudaré a reparar las de los demás “ - Bruce Springsteen

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